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La cerámica es uno de los medios artísticos favoritos de Picasso. Una de las claves para analizar su labor de ceramista reside en la fascinación ante el proceso de transmutación casi mágico que sufren los colores durante la cocción. A través de la cerámica el artista es artífice de la metamorfosis producida por la tierra, el empleo de los colores y la alquimia del fuego.


Picasso comienza a trabajar en la cerámica ya en su madurez. A su muerte, su colección personal cuenta con más de tres mil piezas. Pero la atracción por la cerámica se da ya en su infancia en Málaga, de gran tradición alfarera y donde reside hasta los diez años. También se interesa por ella durante su adolescencia; pero su primer aprendizaje con este material tiene lugar en París, con su amigo Paco Durrio. Con él conoce los medios y las técnicas específicas de la cerámica coincidiendo con su período azul en pintura, de marcado interés por la expresión simbólica y psicológica. La actividad de Picasso como ceramista se suma a la de otros creadores de las vanguardias en su deseo de romper la jerarquía de los géneros artísticos. Es relevante el empleo que hace de la cerámica Paul Gauguin, quien la concibe como un arte integral donde forma, materia y decoración son una unidad. Gauguin incluye el proceso técnico de la cerámica en un sistema de significación simbólica en la que se interesa Picasso, quien, influenciado por las ideas de Nietzsche, investiga nuevas posibilidades de expresión simbólica y psicológica para salir del sistema normativo estético impuesto por el arte academicista del siglo XIX.


Picasso desarrolla esta faceta en otras tentativas a lo largo de su carrera, pero no es hasta 1947, con sesenta y seis años, cuando comienza a trabajar con materiales cerámicos en el sur de Francia, concretamente en el taller Madoura que posee en Vallauris su amiga Suzanne Ramié. Tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y sus cenizas, Picasso evoca los orígenes de la actividad humana artística y ritual, connotada de una simbología arquetípica muy rica. Platos, jarras y vasos de la producción corriente de Madoura se unen a nuevas formas y la creación de nuevas esculturas. La cerámica de Picasso posee una fuerza semántica conceptual. Utiliza la superficie y el volumen como bases sobre las que pintar o como una unidad constructiva, un significante para su utilización como metáfora del cuerpo, humano o animal. El objeto utilitario es transformado en elemento escultórico per se.


El fruto de su trabajo con la cerámica comenzó a darse a conocer en julio de 1948. Picasso participó en la exposición anual de Vallauris como uno más de los ceramistas locales y se convirtió en una costumbre en los años siguientes. El éxito de esta exposición, para la que Picasso realizó el cartel anunciador, logró que Vallauris se convirtiera en el centro de atención de artistas, literatos, la élite internacional, la aristocracia e incluso las actrices de cine.


Pero noviembre de 1948 marca un antes y un después en la creación cerámica contemporánea. Se expone por primera vez su cerámica en París. Aunque no solía acudir a sus exposiciones, Picasso se trasladó con toda su familia para realizar personalmente el montaje. Esta exposición, ampliamente comentada por la prensa, produjo un efecto inmediato en muchos otros artistas: pintores, escultores y artesanos de todo el mundo comenzaron a interesarse por esta técnica ancestral. Nada nuevo por otra parte: la litografía también había adquirido una dimensión desconocida como técnica artística después de que Picasso se interesara por ella en la primera posguerra, como reconoce Mourlot, cuando muchos pintores del momento comenzaron a trabajar en esta técnica.


Es a partir de la exposición de Picasso en París cuando muchos artistas se sintieron ‘legitimados’ para emprender el trabajo de la cerámica como Braque, Léger, André Masson, Wilfredo Lam, Alechinsky, Arman, y más tarde Fontana, Antoni Tàpies o Barceló


Pierre Daix, uno de sus más importantes estudiosos, fue a visitarle en 1949 a la alfarería Madoura en Vallauris: “(…) me ha llevado hacia un rincón donde se encontraban unas piezas que había hecho y que salían del horno ahora. ‘Es aquí donde estoy en mi casa´” le confesaría Picasso.


En la exposición Picasso. Tierra y fuego se muestra la relación entre los diferentes recursos expresivos que utiliza el artista. El empleo del color o del monocromo se vehiculan por igual tanto en los dibujos y los grabados como en sus cerámicas, con claros paralelismos entre ellos.


Selección de prensa

Fuente: Radio Televisión Castilla León

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