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Los antimodernos plantea un discurso que recorre las consecuencias estéticas de la crisis de 1900. La crisis de la Modernidad es el resultado del agotamiento de los valores y las esperanzas tradicionales, unido a la desorientación y la angustia de este período histórico. El nuevo arte, como defendió Ortega y Gasset, no es producto de una evolución, sino de la ruptura.


     De esta manera, el espíritu de sus protagonistas es contrarrevolucionario. Como defiende Nietzsche, los auténticos fundadores de la Modernidad, sus representantes más eminentes son precisamente los antimodernos. Tal y como postula Antoine Compagnon en su ensayo con el mismo título, los antimodernos son los modernos en libertad. Como el mismo autor recuerda, no es de extrañar que muchos de ellos se manifiesten en contra del progreso tecnológico o social, criticando, por ejemplo el sufragio universal o la emancipación de la mujer.


     Las obras de Mariano Fortuny ofrecen el germen decimonónico del incipiente cambio, presente ya en su pincelada, aportación técnica al estudio de la luz, sobre la que investigan también los macchiaioli con su renovación antiacadémica de la pintura italiana, así como los primeros impresionistas franceses. August Renoir, gran maestro del Impresionismo, deja atrás para siempre los modelos propuestos por la razón. El arte español sigue estos caminos, como se observa en la composición del desnudo de uno de los lienzos de Sorolla presentes en esta exposición, o en la pareja de amigas de Antonio Utrillo, nacido en Barcelona pero de formación estética parisina, amigo de Ramón Casas y Santiago Rusiñol, grandes nombres del Modernismo en España presentes en esta muestra. En el nuevo siglo, el espíritu de ruptura de los ismos del XIX eclosionará en las Vanguardias, epílogos de la Modernidad. La obra de Torres García de 1912 que aquí se exhibe es un claro ejemplo de transición hacia ellas. Cinco años después, este artista expone en la galería barcelonesa Dalmau, mientras en la misma ciudad se estrena la ya centenaria Parade creada por Serguéi Diáguilev, Erik Satie, Jean Cocteau y Pablo Picasso y, a la vez, Francis Picabia comienza a editar, también en Barcelona, la Revista 391.


     Helena Alonso, comisaria de esta exposición que se encuadra en el proyecto Colección de colecciones, ofrece un recorrido por las obras de una selección de veinte artistas procedentes de la Colección de Francisco Daurella. El discurso expositivo se detiene, además, en las distintas representaciones de la mujer y los nuevos roles que ésta adopta en el cambio de siglo. 

Los Antimodernos en Valladolid. Sala de la Pasión
Fundación Municipal de Cultura - Ayuntamiento de Valladolid
25.800 visitantes desde el 18 de enero al 31 de marzo de 2019 

Selección de prensa

Fuente: Europa Press

 

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